domingo, 15 de abril de 2012

Reflexiones sobre el R.M.S. Titanic

Bien es cierto que cuando concebí este Blog, lo hice con la intención de centrar sus publicaciones en artículos que tuviesen que ver con la historia y cultura extremeña. Pero no podía, ni quería, dejar pasar esta madrugada sin rendir un pequeño y humilde homenaje a un barco que hace 100 años, exactamente a ésta misma hora, se perdía para siempre en las profundidades del Atlántico Norte acompañado por 1.517 almas. Se cumple un siglo ya de leyenda Titanic, de la desaparición del "Buque de los Sueños", pero aún hoy, su historia sigue presente entre todos nosotros. Se siente en el pecho, se siente en los huesos y se siente en el corazón. Sirva este escrito para la memoria de sus víctimas y para el recuerdo del que fue uno de los hitos más importantes de todo el siglo XX


“A este barco no lo hunde ni Dios”, posiblemente, una de las frases menos afortunadas de toda la historia de la humanidad. Algunas fuentes se la atribuyen al Capitán Edward John Smith, otras, a un camarero que lanzo al aire este órdago cuando el insumergible partía desde Southampton con destino a Nueva York. Posiblemente dicha frase nunca fuese pronunciada, o lo fue tantas veces, que sería difícil atribuirle autoría, pero bien es cierto que supuso el inicio de una leyenda que todavía hoy continúa, la leyenda del Titanic.

No se puede entender la historia del Titanic sin bucear, nunca mejor dicho, en las más profundas raíces que llevaron al ser humano a construir colosal obra. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que el Titanic fue hijo de su tiempo, pero no un hijo cualquiera, era el vástago predilecto en el cual se volcaron todas las aspiraciones y esperanzas de los hombres del momento, que no eran otros que aquellos que con su trabajo y esfuerzo habían venido desarrollado durante el último siglo y medio todo el proceso de Revolución Industrial. Es por tanto la construcción de este buque el culmen (al menos hasta aquel entonces) de la mayor revolución socio-económica, tecnológica y cultural de la historia de la humanidad desde la Revolución Neolítica.

Fue el Titanic una máquina de vapor provista de 29 calderas alimentadas por 159 hornos de carbón, los cuales generaban una potencia máxima de 59.000 CV. que permitirían a la bestia hacer la travesía Southampton – Nueva York en siete días; Colón tardaría más de un mes en hacer su viaje transatlántico. En resumidas cuentas, el Titanic era la manifestación de la evolución humana, de sus capacidades técnicas y de sus increíbles avances. Tal vez por ello aún perdura su memoria, porque su construcción supuso el regocijo del ego humano, estableciendo de una vez por todas, y con una autoridad indiscutible, el dominio del hombre sobre los mares.

Con todo ello, la tecnología puntera del Titanic no era lo que lo hacía único, ya que fue uno de los tres barcos “hermanos” (Titanic, Olympic y Gigantic, posteriormente este último Britannic) de la clase Olympic construidos en los astilleros Harland and Wolff (Belfast, Irlanda del Norte). La característica principal que hizo a ésta nave inigualable fue su suntuosidad, siendo el barco más lujoso que jamás se había construido. Sus salones y cubiertas de primera clase parecían extraídos del mismísimo Versalles, y sus calidades poco tenían que envidiar a las de éste. Todo el barco, desde la majestuosa y aún hoy célebre Escalera del Reloj, hasta el último de sus remaches, fue concebido como una grandiosa obra de arte.

El 10 de Abril de 1912 el buque estrella de la White Start Line partía hacia su abisal destino. A bordo, entre pasaje y tripulación, un total de 2.227 personas. La capacidad de la flotilla de botes salvavidas apenas alcanzaba la mitad de esa cifra. Las matemáticas anunciaban la tragedia que posteriormente se viviría. 

Entre sus pasajeros había gentes de todo tipo y extracción social. La primera clase estaba ocupada por los grandes banqueros y magnates internacionales, los cuales acudieron al viaje inaugural del Titanic, en la mayoría de los casos, por puro placer, siendo para ellos este viaje poco más que un crucero, un evento al que personas de su status debían acudir para relacionarse con otros miembros influyentes de la aristocracia del momento. La cosa era muy distinta en la segunda y tercera clase. En sus cubiertas viajaban familias enteras que buscaban una vida mejor en América, habiendo tenido que vender, en no pocos casos, todas sus posesiones para poder comprar los pasajes. Miles de personas ponían sus ilusiones y sus sueños en una nueva tierra la cual decían estar llena de oportunidades y ser el hogar de la libertad, dejando atrás a la vieja Europa sobre la cual ya se adivinaban tiempos oscuros de muerte y guerra.

El 13 de Abril se recibieron los primeros informes de avistamiento de grandes bloques de hielo en la ruta del Titanic, recibiendo al menos una docena de avisos de iceberg. El Capitán altero el rumbo al sur, no lo suficiente, al menos no aquel año, manteniendo la velocidad de 22 nudos. El atardecer del día 14 de Abril el Titanic vio por ultima vez la puesta de Sol.

Una noche tranquila como hay pocas en el mar, el Capitán E.J. Smith se retiro a descansar sobre las 23:00 horas dejando al mando a su segundo, el primer oficial William Murdoch, con orden de mantener rumbo y velocidad. Cuarenta minutos después, a las 23:40 del 14 de Abril, el vigía Frederick Fleet avistó a poco más de 500 metros un iceberg que se alzaba unos 30 metros sobre la superficie del nivel del mar. El Titanic tardaba 3 kilómetros en detenerse por completo. En un intento desesperado por evitar la colisión, Murdoch giró todo a babor activando la contramarcha. En el último minuto se evito la colisión frontal, pero a unos 6 metros bajo la superficie del mar, un costado oculto del iceberg acuchilló por 6 veces al barco insumergible, sumando más de 100 metros la longitud de sus grietas. En apenas un par de minutos el destino quedó sellado.

Resultó entonces que el Titanic, alabado por ser una maravilla de la ingeniería moderna, no estaba tan bien construido. Los mamparos herméticos no llegaban a la cubierta de tercera clase, por lo cual, como en una reacción en cadena, el agua fue inundando los compartimentos estancos de estribor. El Titanic tardaría un máximo de 4 horas en irse a pique, y con él la soberbia humana de haber desafiado a las fuerzas de naturaleza habiéndose creído por encima de ella.

Desde ese momento, el pánico y el más primitivo instinto de supervivencia se apoderó del transatlántico. Sobrevivieron 705 personas, muchas de las cuales contaron como en la hora más oscura del Titanic, mientras el caos y la confusión imperaba, la orquesta de primera clase continuó tocando hasta el inevitable momento final, distinguiéndose entre los gritos, los acordes de “Nearer, my God, to Thee” (“Más cerca de Tí Señor”), siendo éste el réquiem final de un barco, al que curiosamente, ni tan siquiera Dios podía hundir.  




No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada